Por María de Jesús García Velázquez

Señor Sánchez, me dispuse a llevar a cabo el complejo ejercicio de reflexionar sobre alguna característica o rasgo que usted y yo podamos compartir y he encontrado que ambos contamos con una titulación académica de doctorado y, a pesar de este punto de coincidencia, créame que me resulta bastante complicado llamarle colega y le voy a explicar por qué.
La razón principal por la que se me dificulta es el flagrante plagio que usted llevó a cabo de buena parte de su tesis. Y aunque ese tema parece haber pasado de moda, a mí el hecho me sigue resultando inaceptable, bochornoso e inmoral.
Le voy a contar un poco sobre mi historia en este ámbito… Cuento con un doctorado en periodismo, el cual cursé durante 6 años en la Universidad Complutense de Madrid. A lo largo de ese tiempo, estuve combinando estudios, trabajo y familia, así que le aseguro que fueron años muy duros.
A mí, como a tantos otros estudiantes honestos, nadie me escribió una sola línea de mi tesis doctoral. La idea de plagiar nunca se atravesó por mi cabeza. Siempre fui consciente de que el grado de doctor es el producto de años de investigación y que cada palabra que se incluye en una tesis doctoral debe ser el resultado del esfuerzo personal, apoyado y dirigido por un tutor intachable, con experiencia y méritos como investigador.
Es increíble que sea necesario recordarle reglas básicas como ésta cuando uno se aventura a redactar una tesis doctoral: citar a los autores de aquellos textos que refuerzan el contenido de nuestra investigación no solo es una obligación del investigador, sino un principio de respeto e integridad académica.
Señor Sánchez, los estudiantes honestos investigan, estudian, luchan, se desvelan, sacrifican tiempo incluso de los hijos, no descansan hasta alcanzar una meta y jamás confunden el esfuerzo con caprichos ególatras e interesados. Si necesitaba un título de doctor para cualquier fin que persiguiera, tenía que habérselo ganado.
Entiendo que redactar una tesis doctoral es una tarea ardua y que hay momentos en los que se está tan cansado que se convierte en una labor ímproba, puedo dar fe de ello. Tantas y tantas noches me quedé investigando y escribiendo cuando ya todos dormían. Durante incontables fines de semana la biblioteca se convirtió en mi casa, privándome de la compañía de mi esposo e hijos. Nunca olvidaré cómo aprovechaba el tiempo de siesta de mis hijos para leer textos relativos a mi investigación. Incluso utilizaba mis vacaciones para visitar cierto centro de investigaciones situado en el extranjero y especializado en diversos aspectos concernientes a la temática de mi tesis doctoral.
No, señor Sánchez, yo no lo tuve tan fácil como usted y de ello me puedo jactar, pero no con desasosiego, sino con satisfacción y con la firme convicción y orgullo de haberlo conseguido pese a las dificultades. Desde que me inscribí al doctorado supe que me esperaba un camino largo de muchos sacrificios. Ningún “negro” (como se suele mencionar de forma despectiva en el mundillo) redactó mi tesis, no reciclé artículos publicados con ningún compañero, no incluí “corta-pegas” y no disfruté de privilegios políticos… Solo mis fuerzas, solo mi escaso tiempo, solo el impagable consejo de mi respetable tutor y el apoyo de mi familia, solo mi empeño y mis arrestos me ayudaron a concluir, a defender mi tesis doctoral y a ganarme limpiamente el título de doctor cum laude, título que usted también ostenta, pero del cual es imposible que pueda sentir un orgullo humilde porque sabe muy bien que su título está plagado de las sombras de la corrupción (aunque no desee hablar de ello e intente acallar las voces que no olvidan su engaño).
Es lamentable que, a pesar de su falta de honestidad, su soberbia y su incompetencia académica (entre otras incompetencias que ha ido sacando a la luz en su gestión), sea usted el presidente del gobierno de España. ¡Qué reprobable imagen ofrecemos al mundo con su presencia en el poder! ¡Somos el país con el presidente que plagió textos de su tesis doctoral! ¡Qué vergüenza! Señor Sánchez, ¿seguirá usted plagiando lo que no sea capaz de producir por sí mismo?
Igual de lamentable es ver cómo con la misma falta de ética lleva a cabo retorcidas negociaciones políticas que evidencian que es usted capaz de vender a España y pactar con el mismísimo diablo si eso le asiste en su objetivo de perpetuarse en el poder.
Ahora bien, me niego a pensar que sus acciones, además de poder, busquen más dinero, creo que de eso ya tiene mucho; más bien me inclino a creer que se busca a sí mismo de forma constante y patológica. Su narcisismo no tiene límites y los daños que su siniestra personalidad están causando a España son imperdonables. Pareciera que nos gobierna un individuo que odia a España con la misma fuerza con la que se ama a sí mismo.
Señor presidente, tanto a mí como a millones de ciudadanos nos gustaría sentirnos identificados y representados por usted. Desafortunadamente, no es así. Poco o nada tenemos en común. Un ciudadano ético, defensor del esfuerzo, de la nobleza del trabajo, orgulloso de su país e incapaz del plagio, en nada puede estar de acuerdo con sus formas poco escrupulosas de proceder.
Señor Sánchez, es usted un ente ajeno a la realidad de España y sus habitantes. Sus ideales comulgan con los odiadores de este país y no con la gente de bien que busca la unidad, la concordia, la ética en todas las cosas y la democracia efectiva.
Por todo ello y más, no solo me cuesta, sino que me es imposible llamarle colega.
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