El recuento de daños frente a la dignidad del pueblo español
Por María de Jesús García Velázquez

Al cerrar 2024 y repasar el panorama político de España, uno podría esperar enumerar logros y avances en los distintos sectores de la sociedad. Sin embargo, al mirar atrás, lo que encontramos es un inquietante listado de despropósitos, protagonizados tanto por el presidente y su equipo como por una oposición que ha dejado mucho que desear.
Encabezando la lista de atrocidades del Gobierno de España se encuentra la ley de amnistía. Recordemos que tras las elecciones generales de julio de 2023, el PSOE dependía del respaldo de partidos independentistas catalanes para formar gobierno. La amnistía fue su principal condición para apoyar la investidura, y Sánchez, obsesionado con el poder, no dudó en aceptarla. Con 177 votos a favor, la ley fue aprobada el 30 de mayo de 2024.
Esta ley permite exonerar a líderes y activistas independentistas, como Carles Puigdemont, que enfrentaban procesos judiciales por su papel en el procés. Este hecho ha establecido un precedente de impunidad legalizada en la historia de España. En resumen, se consumó un oscuro intercambio: amnistía a cambio de mantenerse en el sillón.
Tras la aprobación de esta norma que pone en peligro la separación de poderes y la igualdad ante la ley, durante este año también se sumaron a la escena pública las investigaciones por corrupción en el entorno familiar de Pedro Sánchez.
En primer lugar, está Begoña Gómez, esposa del presidente, acusada de presuntos delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios. Gómez fue citada a declarar el 19 de julio de 2024, pero se acogió a su derecho a no testificar. ¿Hasta cuándo podrá mantener esta cobarde estrategia de guardar silencio, cuando las pruebas de su implicación se vuelven más claras? ¿Será que, como dice el principio romano, «quien calla otorga»? Es cada vez más difícil ocultar que se ha beneficiado de su relación con el presidente, obteniendo ventajas económicas y cargos académicos que, con sus escasos estudios, a cualquier otro ciudadano le habrían sido negados.
Y por si fuera poco, este año salió a la luz que David Sánchez, hermano de Pedro Sánchez, fue colocado en un alto cargo en la Diputación de Badajoz sin pasar por ningún proceso de concurso público, revelando un escandaloso caso de nepotismo.
Y ni qué decir de la lamentable carta de Pedro Sánchez dirigida a los españoles en la que anunciaba que amaba a su mujer y que se iba a autoasignar unos días de vacaciones para tener tiempo, según él, para la reflexión.
Aquí no acaba todo. En el recuento de daños también nos enfrentamos al llamado Caso Koldo, que implica a Koldo García Izaguirre, exjefe de seguridad de Pedro Sánchez, acusado de utilizar su posición para obtener contratos públicos de manera irregular. Esta investigación ha salpicado a varios miembros del entorno cercano del presidente, como José Luis Ábalos, exministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana; Víctor de Aldama, empresario vinculado a Begoña Gómez; Nadia Calviño, exvicepresidenta del Gobierno y exministra de Economía; Reyes Maroto, exministra de Industria, Comercio y Turismo; la presidenta del Congreso, Francina Armengol, y Javier Hidalgo, exCEO de Globalia.
No podemos dejar fuera de la lista de daños a la investigación sobre la participación de Moncloa en la filtración de un correo electrónico relacionado con el novio de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid.
El recuento de daños parece no tener fin. Estos acontecimientos han alimentado un clima de tensión política y judicial en España a lo largo de 2024, socavando la imagen pública del presidente, su familia y su gabinete de gobierno. La sociedad española, harta de esta situación, se ve cada vez más frustrada al contemplar a un presidente que, pese a todo, se niega a dimitir o a convocar elecciones. Un presidente inmune a la presión, aterrorizado por la idea de perder su aforamiento y quedar expuesto a las consecuencias de sus actos.
En este año que termina, la oposición tampoco estuvo a la altura, pues se mostró débil y errática. Alberto Núñez Feijóo, líder del PP, ha evidenciado una alarmante falta de contundencia, al punto de que los argumentos en los bares de este país superan en claridad y fuerza a los que se escuchan en el Congreso. De igual forma, Isabel Díaz Ayuso, aunque mantiene al PP como referente ideológico, ha visto su entorno empañado por la imprudencia de su pareja, complicando con esto la defensa de su propia imagen.
Por su parte, VOX ha pasado de ser una fuerza combativa a una sombra irrelevante, lastrada por la salida de figuras clave y una estrategia que parece más dirigida a atacar al PP que a desenmascarar al PSOE. Incluso el Rey, habitualmente ejemplar, ofreció en su discurso de Nochebuena un mensaje tibio. Aunque no se espera que Felipe VI confronte al Gobierno, su alocución navideña, no filtrada por Moncloa, decepcionó en un momento crucial.
La oposición ha fallado en todos los frentes, dejando a los ciudadanos desprotegidos frente a un Gobierno que avanza rumbo al precipicio sin contrapesos.
Y, en medio de la turbulencia gubernamental de 2024, la tragedia de la DANA en Valencia, con más de 200 víctimas y miles de afectados, sacó a relucir lo mejor de la ciudadanía. La respuesta solidaria contrasta con la inacción y los intereses de la clase dirigente.
No cabe duda de que la generosidad y humanidad de los españoles se alzan como lo único verdaderamente rescatable en este año marcado por los fracasos políticos. Mientras Pedro Sánchez, su entorno y la oposición se hunden en la miseria política, España demuestra una vez más que su grandeza reside en su gente, no en sus gobernantes.
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